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El día que Pelé jugo en Santa Cruz

Se trató de un partido amistoso del Santos de Pélé contra oriente Petrolero

El mítico astro brasileño enfrentó a un Oriente Petrolero reforzado con jugadores de otros combinados

Hace cincuenta años, un día como ayer, el famoso Santos de Pelé se presentaba en Santa Cruz de la Sierra, ante un Oriente Petrolero con algunos refuerzos. Fue justamente un domingo, en el entonces estadio Departamental, y el amistoso acabó 4-3 a favor del popular equipo brasileño.

El Círculo de Periodistas Deportivos de Santa Cruz auspició la presentación y se encargó de la organización. La gestión la realizó el promotor de espectáculos Mario Ichazo, quien meses antes, a tiempo de mostrar el contrato con el Santos FC, informaba que disputaría un partido en Santa Cruz y otro en La Paz (ante Bolívar, el del famoso gol de chilena), a cambio de 46.000 dólares, libres de gastos. El precio de las entradas, 65 Pesos Preferencia y 55 General.

El Santos de Pelé llegaba con los también mundialistas Edú, Clodoaldo, campeones el Mundial de México 70; Agustín Mario Cejas, arquero del seleccionado argentino, ex Racing Club; Rogerio, figura del campeonato del vecino país; y también Mauro, ex capitán de la selección brasileña campeona en el Mundial de Chile 62, que había asumido hacía poco como director técnico.

El equipo brasileño fue hospedado en el hotel “La Poza del Bato”, hoy Hotel Cortez, que sigue en el segundo anillo, ex avenida de Circunvalación, a media cuadra del Cristo Redentor, que se convirtió en un centro de peregrinación para ver al Rey del fútbol.

Agentes del Servicio de Inteligencia se harían cargo de la custodia de Pelé, a pedido de la Embajada de Brasil. Todo eso contrastaba con la sencillez del ilustre visitante, pero no con lo que representaba este personaje del mundo, que había traspasado las fronteras del fútbol y cuya fama llegaba a todos los confines del planeta.

Tuvo un apoteósico recibimiento. “Me siento feliz de estar en Santa Cruz, donde me han recibido con cariño y afecto. Especialmente a los niños…”, decía el astro brasileño a poco de haber arribado al aeropuerto El Trompillo, en un Boeing 727 del Lloyd Aéreo Boliviano.

Habló de una posible filmación de una película con Cantinflas, en la que el cómico haría de masajista, y también de los riesgos de un secuestro por razones políticas o económicas. “Eso no me preocupa, soy amigo de todos, y me he dedicado al fútbol casi toda mi vida. Soy apolítico y no pienso en eso” señaló O’ Rey ante la consulta de doce periodistas que estaban tan pendientes de entrevistarlo como de sacarse una foto con él.

Se declaraba admirador de John Kennedy, Martin Luther King, Walt Disney y del Papa (Paulo VI), y consideraba las conquistas de los mundiales en Suecia 58, Chile 62 y México 70, como los momentos más felices de su carrera futbolística.

«Pacho Flores», Pelé y Rocabado
Y llegó el día del partido. Edson Arantes Do Nascimento, el mítico Pelé, el inolvidable domingo 23 de mayo de 1971 para enfrentar en un amistoso a Oriente Petrolero. Pelé, el indiscutido Rey del fútbol, que hacía un año se había consagrado campeón en México 70, adjudicando la Copa Jules Rimet a Brasil para siempre, se presentaba en el estadio Departamental Santa Cruz para hacer gala de todo su talento y humildad.


La Alcaldía Municipal lo declaró Huésped de Honor y le entregó el Escudo Cruceño de oro, con la inscripción “Al gran Pelé, H. Alcaldía Municipal, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia”, antes de darse inicio al partido. Edgar Peña, presidente de la ACF, le dio un pergamino. Los hinchas albiverdes le regalaron un casco de trabajador petrolero y un presente típico de la región.

Oriente Petrolero reforzado, como se acostumbraba en la época, era el ‘sparring’ del gran equipo brasileño que “vivía” en los aviones porque viajaba de país en país dando exhibiciones como la que daría en tierra cruceña.

El equipo refinero, que empezaba a armar el plantel con el que meses más tarde conseguiría el primer título nacional (en enero de 1972), se reforzó con el lateral Enrique García y el volante Roberto Zapata, de Real Santa Cruz; el puntero Germán Benquique, de Blooming; el zaguero brasileño Walter Pinini y el mediocampista yacuibeño Adolfo Rocabado, de Guabirá. De preliminar, estuvieron las ex figuras de Blooming y Destroyers, rememorando el clásico de antaño.

Salió un partidazo. Ganó el Santos 4-3, tras remontar un arranque demoledor de Oriente con Dedé y Toninho como protagonistas de lujo. Pelé encaró el amistoso como un verdadero profesional. No decepcionó, pese a fallar un penal.

Arrancó a las 16:00 con unas diez mil personas en las tribunas. Dedé sorprendió a Cejas al minuto de juego con un remate cruzado. 1-0 para el local. Pelé puso el 1-1 con un potente remate que rozó en Pinini. Toninho gambeteó a dos rivales y logró el 2-1 a los 18.

Santos empezó a acelerar el ritmo tras las envalentonadas acciones de Oriente. En el minuto 25 hubo penal para el visitante por una mano de Antelo dentro del área que sancionó el árbitro Jorge Antequera. Ejecutó Pelé ante la expectativa de toda la gente que estaba en el estadio, y demostró que pese a ser la máxima estrella del fútbol, era un simple mortal y que se podía equivocar. Falló al rematar desviado.

Después, La Perla Negra haría gala de su magia, inventó una jugada por la izquierda, y envió un centro preciso, a la cabeza de Ferreti, que venció a Ladislao Jiménez para el 2-2, en el minuto 32. Acto seguido, en el minuto 35, entre Ferreti y Edú sortean media defensa en una admirable pared, y este último desnivela el marcador: 3-2.

En el segundo tiempo, Pelé vuelve a aparecer en toda su dimensión. Le devuelve el túnel que le había hecho Pacho Flores unos minutos antes y saca un zurdazo inatajable para Jiménez, para el 4-2, en el minuto 70. Diez minutos después, Cejas derriba a Rocabado dentro del área. Penal. Ejecutó Flores descolocando al golero argentino, y rubrica la cuenta: 4-3.

Pacho Flores, capitán y autor del gol de penal, rememora el inolvidable encuentro. “Fue un partido hermoso, bien corrido. Pelé me regaló su camiseta, que se la presté a alguien y nunca me la devolvió”, rememora quien era referente albiverde en aquel momento.

“¿El penal? Lo vi al gaucho grandango (Cejas), parecía que tocaba los palos, llegué a la pelota, incliné el cuerpo a un lado y coloqué la pelota al otro”, agrega Flores, que aquel día también ganó aplausos por hacerle un túnel a Pelé.

Adolfo Rocabado, uno de los refuerzos, que ingresó en el segundo tiempo, recuerda que “Cejas me puso los dos brazos encima del hombro, era enorme, y me cometió el penal. Pelé era un fenómeno. Es el más lindo recuerdo que tengo del fútbol. Fue grandioso enfrentar a un monstruo del fútbol”. Y al igual que Flores, dice haberle hecho un túnel a Pelé. “Me encantaba, siempre los hacía”, comenta.

Ese día Santos alineó a Cejas; Djalma Dias, Turcao y Orlando; Clodoaldo, Overdam y Nené; David, Ferreti y Edú. Alternaron Lima, Abel y Paulo.

Oriente formó con Ladislao Jiménez; Rolando Justiniano, Choco Antelo, Walter Pinini y Quelo Vargas; Jorge Moreno y Pacho Flores; Eliseo Báez, Dedé, Toninho y Dioniso Amarilla. Alternaron García, Benquique, Rocabado y Ñarrí Méndez.

Todo aquel que fue al estadio, quedó satisfecho con lo visto, porque el crack brasileño mostró destellos de su gran calidad. Suficientes como para justificar el alto costo de la entrada, de acuerdo al costo de vida de la época.

Pelé dejó para el recuerdo no solo su sapiencia, también su don de gente. No le negó el saludo ni una fotografía a nadie, fue solícito con todos. Solo no aceptó ser padrino del hijo de un político y ex futbolista, se excusó respetuosamente argumentando que en su país esa era una gran responsabilidad.

Posó con todo el mundo. Con rivales, árbitros, policías, dirigentes, periodistas, mascotas y pasa pelotas.

Fue hace cincuenta años. De esa manera Santa Cruz disfrutó el inolvidable fútbol de Pelé.

Fuente: https://eju.tv/2021/05/pele-y-santos-pasearon-su-futbol-en-santa-cruz-50-anos-de-una-cita-historica/

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Trata y tráfico de personas en Santa Cruz el caso de Dayana Algarañaz

Dayana Algarañaz, la semilla de una lucha

La universitaria de 20 años desapareció el 20 de junio de 2015. Su madre no deja de luchar porque su desaparición sea tipificada como trata.

Alejandra Pau /

Mi madre, María Rita Hurtado Martínez, siempre tuvo especial cuidado conmigo porque llegué al mundo un poco antes, a los siete meses. Mi vida no era muy diferente al de otras jóvenes de 20 años, asistía a la universidad y enamoraba con un muchacho que, según consta en las pericias de la investigación, fue la última persona que me vio el 20 de junio del 2015.

Mi nombre es Dayana Algarañaz Hurtado. A pesar de que llovía aquel sábado,


como lo había hecho en varias oportunidades, me vieron salir de mi casa a las 8:00 porque tenía clases en Universidad de Aquino (Udabol), en la que estudiaba Ingeniería Ambiental.

Sentada en mi cama, mi madre observa detenidamente mis fotografías, que están en casi todos los ambientes de mi casa en el Plan 3.000. En una de las paredes también están otras jóvenes desaparecidas en Santa Cruz y La Paz.

Las fotos son un recordatorio de que aunque no esté... estoy.

Después de dos años y medio mi madre continúa siendo una fuente inagotable de llanto. Recuerda que tenía la carrera pagada, las academias a las que asistí y mi profundo apego por estar rodeada de naturaleza.

Soy la heredera de su carácter decidido. Por ello, no sorprendió en mi casa que se entregue en cuerpo y alma a buscarme.

Aquella mañana mi padre me llamó por teléfono para preguntarme a qué hora iba a regresar a casa, tenía que reemplazar a mi mamá en su empleo.

“Ya papito, ya estoy de ida”, dije y le colgué, no le di tiempo de decirme nada más. Fue la última vez que me comuniqué con alguien de mi familia. Según la triangulación que se realizó para rastrear mi celular, la última vez que fue registrada alguna actividad fue cerca de la universidad.

Un año después de mi desaparición, mi madre fundó junto a otros padres la Asociación de Apoyo a Familiares Víctimas de Trata y Tráfico de Personas y Delitos Conexos (Asafavittp). Ha olvidado lo que es vivir en paz, su tranquilidad se arropa en un futuro en el cual ya he regresado a casa. En tanto, libra una guerra contra enemigos, a quienes no les conoce el rostro, pero que le han hecho llamadas anónimas para amenazarla.

“Una vez que te agarremos vieja de m... nadie te va a reconocer porque te vamos a dejar irreconocible (...). Sé dónde vives y no va a pasar mucho tiempo para que te encontremos, vieja de m... deja de buscar”, le dijeron durante una de esas comunicaciones.

Sabe que por sus acciones se ha convertido en un personaje incómodo para varias autoridades, pero eso no la va a detener.

Decenas y decenas de documentos forman parte de mi caso que fue abierto con la tipificación de privación de libertad. En las páginas figuran varios detenidos y quien fue un día mi enamorado estuvo en la cárcel durante ocho meses. Según sus declaraciones me despachó en un micro #100 con destino a mi universidad e ignora mi paradero.

Mi madre no estaba de acuerdo con nuestra relación porque él no estudiaba o trabajaba. Casi todos los fines de semana, de esos ocho meses, fue a la cárcel para preguntarle, “¿dónde está mi hija?”.

Finalmente, se convenció que no tenía nada que ver y desistió de la acusación.

Sospecha de mi compañero de la universidad, que es de nacionalidad peruana, cuyo supuesto padre me llevó a casa en un automóvil lujoso. Le dije a mi madre que me “parecía una familia muy rara porque padre e hijo no se parecían físicamente y que el señor tenía mucho interés en conocerme”.

Mi madre confiesa “que tiene un dolor en el pecho” cada vez que presiente que estoy enferma porque siempre tuve una salud frágil. “Yo creo que mi hija ya no está en Bolivia”, dice quebrada.

Mientras mi familia me busca, hay un ropero en casa que tiene un espejo roto y una foto mía que cubre el espacio de los pedazos que ya no están.

Fuente: https://www.paginasiete.bo/especial01/2018/2/8/dayana-algaraaz-semilla-lucha-169222.html

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